CyESEM recibe a Rodrigo Araya profesor de peridismo de la Pontificia Universidad de Valparaíso Chile
FACICO inicia vínculos con Valparaíso, Chile



15 jul 2009 3:26 PM.
Por: Anabel Vela - XEU Noticias

La Facultad de Ciencias de la Comunicación (FACICO) de la Universidad Veracruzana inicia vínculos con la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile con la finalidad de un intercambio estudiantil.

En este sentido, el Profesor de la Escuela de Periodismo de Valparaíso, Rodrigo Araya Campos señaló que está por firmarse un convenio entre ambas instituciones educativas que permirá la movilidad de estudiantes.

Agregó que en un mundo globalizado es muy importante crear vínculos que dejen a los futuros profesionistas conocer otras realidades en los procesos de formación académica.


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MINUCIAS EN LA VIDA

De la distinción alimenticia

Genaro Aguirre Aguilar

La última vez que había entrado a una tienda de hamburguesas había sido durante los días de celebración de un evento universitario en el que apenas había tenido tiempo de escaparme unos minutos. En esta ocasión, acompañado de mi esposa y mi hija, decidimos llevar a la niña a una de estas tiendas de comida rápida; después de todo tras meses de insistirnos, valía la pena aceptar su propuesta pues igual contábamos con la visita de una de sus tías.

Así que allí estábamos, sin saber qué pedir pues por más que veíamos el menú no dejaba de ser «pan con lo mismo», preparado con ligeras variaciones, además de algunos bocadillos y un poco de jardín (como llama un tío a las ensadas. Total que cuando pregunté a la jovencita por algunas de las opciones, sin esconder su extrañeza se dispuso como «maquinita» a repetir lo que pocos quizá preguntan.

Minutos después, sentados viendo a Ximena comer la hamburguesa, no pude dejar voltear a las mesas para confirmar que -como nosotros-, otros padres de familia allí estaban en compañía de sus hijos, lo mismos amigos que jóvenes parejas; no sé si disfrutando pero sí deleitados comiendo de sus combos: hamburguesas de todos los tamaños, grandes vasos de refresco, papas, helados y una que otra ensalada.

Mientras hacía esto, no dejé de pensar en el costo promedio de cada paquete, preguntándome lo que pudieran comer si pensarán en otras opciones, pues «a ojo de buen cubero», con el promedio de cien pesos en que termina por resultar la inversión por persona, bien valdría la pena echar un ojo al rico menú culinario que tenemos en Veracruz.

Junto a preguntas como estas, no pude evitar preguntame si los padres tienen claro lo que les están enseñando o les niegan a sus hijos cuando -sin rubor alguno- han hecho del gusto por las hamburguesas una reducida experiencia alimenticia. Y es que en verdad, cuando uno muerde una hamburguesa y se da tiempo (digo, entiendo que en una comida rápida esto es lo que menos importa) a sentir el sabor de cada ingrediente, cualquiera que tenga más o menos educado su paladar, termina por reconocer lo plástico de esta comida.

En fin, cada quien sus gustos, pero no deja de sorprenderme saber que muchas familias, especialmente de clase media, tengan por costumbre ir, por lo menos, una vez al mes a comerse una hamburguesa. Para distinguirnos por esto, ¿no resultaría preferible explorar otras culturas alimenticias?


MINUCIAS EN LA VIDA

No siempre es cuestión de tener ganas
Genaro Aguirre Aguilar

Lo que digamos sobre las condiciones de sobrevivencia en que vivimos los mexicanos, suena a verdad de Perogrullo, tal como solíamos decir en aquellos días cuando aún la esperanza embriagaba los corazones de muchos universitarios.
Hoy que las cosas nada tienen que ver con el antes, particularmente en el terreno de las oportunidades en un estado donde el bienestar brilla por su ausencia para millones mexicanos, es fácil darse cuenta como –gota a gota-, aún entre aquellos que pueden y tienen recursos para más o menos enfrentar la vida, también se cancelan proyectos de sobrevivencia.
Esto lo comentamos tras haber confirmado lo que ya parecía una muerte anunciada: el cierre de un negocio (es cierto, uno más) en un centro comercial cercano a donde trabajo, un local que se caracterizaba por una endémica soledad de no ser por quien considero era su propietario, siempre ensimismado en la computadora o buscando distraerse en la lectura. Del tiempo en que fui reconociendo esto hasta ahora cuando ya no existe, quizá en una, acaso en dos oportunidades pude ver que alguien lo visitaba, pero nunca que comprara algo. Ni siquiera nosotros esa tarde cuando entramos y admiramos los juegos didácticos y lúdicos que exhibían.
Sé que como él, muchos, como también que muy pocos tienen los recursos para invertir en este tipo de empresas, pero igual hay razón para dejar de lamentar el cierre de negocios, pues finalmente detrás de ellos hay sueños, esperanzas, deseos, sin descontar una parte del patrimonio familiar.
En fin, recién descubierto este cierre, metros adelantes recibí la invitación para pasar a otro local, que por lo escondido igual pocos visitan. El señor que entrado en años me dio el volante promocional, me sonrió y atiné a decirle “gracias”, pensando que más tarde pasaría: lo cierto es que no hubo regreso. Ojala y le vaya bien, pues sin duda las ganas están puestas en ese pequeño local, como también en aquellos changarros que han ido apareciendo a lo largo y ancho de la ciudad, sea de tacos de canasta, antojitos o todo aquello a donde la imaginería jarocha les lleve, pues eso sí, seguirá pa’lante por lo inagotable.