


El matrimonio es una institución milenaria, una institución de organización civil que legaliza y formaliza –a través de un contrato- la unión entre un hombre y una mujer, para vivir juntos y reconocerse mutuamente, y que los otros les reconozcan a los hijos habidos dentro esa institución. La palabra matrimonio tiene un origen etimológico similar al de patrimonio, que es la institución legal que ampara el conjunto de bienes acumulados por el padre y que dan certeza y seguridad sobre los bienes creados por él, en beneficio de él y de su familia. El patrimonio tiene como eje al “Padre”, en tanto, el matrimonio es la unión legal entre un hombre y una mujer y tiene como eje la seguridad y certeza de la “Madre”. Punto.
Por esto mismo, no estoy de acuerdo que cuando dos hombres o mujeres quieren vivir juntos, a esta convivencia se le llame matrimonio. Y comparto con sectores conservadores y especialmente la Iglesia Católica, la oposición al “matrimonio” homosexual. La iglesia tiene razón, el matrimonio busca dar certeza y seguridad a la mujer, certeza en el origen de los hijos y seguridad en el alimento.
El movimiento gay –por lo menos éste, el que esta representado en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal- se equivoca al querer incorporar a sus derechos y demandas a la figura del “matrimonio” convencional, lo que los ubica, desde mi perspectiva, en un movimiento conservador, una pretensión conservadora y francamente reaccionaria, al quererse asumirse dentro de instituciones, no solo que no nacieron para una condición sexual y social, como la que ellos defienden, sino que además el contrato matrimonial, antiquísimo y milenario se encuentra en severa crisis organizativa y de viabilidad en una sociedad diversa, compleja y contradictoria como la actual. Es decir, el movimiento gay quiere revivir a un muerto.
Con 39 votos a favor, 20 en contra y cinco abstenciones, el pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la reforma al Código Civil del Distrito Federal, que reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo. Más tarde, 31 legisladores votaron a favor de la adopción, 24 en contra y nueve se abstuvieron.
Los representantes del movimiento lésbico-gay en la Asamblea Legislativa, promovieron la idea de que el Distrito Federal es una ciudad de derechos, progresista y moderna y, por ende, aún más, con la fuerza de la mayoría, fueron en busca de la adopción.
La reacción desaforada de la derecha moral y religiosa, ha sido eso: desaforada, previsible en sus “argumentos” y condenatoria desde el púlpito. La faena de la legislatura sólo ha servido para activar a provida, a los yunques, a los hijos de maría, al integrismo religioso católico, etc. Y solo ha valido, desde mi perspectiva, como un show montado para medir fuerzas electorales entre un ala sedicente Progresista (el PRD y su mayoría legislativa) y otra Conservadora (la Iglesia católica y sus satélites sociales). Show que no llevará a nada, a ninguna mejoría en el status antidiscriminatorio, igualitario y de equidad entre hombres y mujeres, independientemente de sus preferencias sexuales. Tal pareciera que el movimiento gay está dirigido por los más radicales pero obtusos activistas, y que solo quieren permiso social y legal para aparecer besandose ante un juez o ante un cura…puras payasadas.
En 2007, la ciudad de México permitió las uniones civiles de parejas del mismo sexo, las sociedades de convivencia son la mejor salida para los derechos de convivencia entre personas del mismo sexo, e incluso de sexo diferenciado, etc. Que es un instrumento legal que hay que perfeccionar sí, y buscar las máximas garantías sí, pero nada que ver con el “matrimonio”.
La batalla ideológica se tiene ganada, el matrimonio tradicional esta destrozado, rebasado, los romanos llevaron a los códigos la vida común entre hombres y mujeres, y significaron un modelo social de convivencia; imaginemos cosas diferentes, más allá de lo que tenemos para entender y dar salida a las complejidades sociales del mundo de hoy, no de hace dos mil años.
Esta claro que no todo mundo cabe en los rieles del matrimonio tradicional, de la familia tradicional, aparatos e instituciones que pierden vigencia en su sentido conservador, pero que es la sociedad misma la que está resignificando estas instituciones en el mundo, por eso los debates y las crisis contemporáneas, sobre el tema en Europa, América, y los demás continentes.
Y sobre la adopción hablamos después por que necesito desearles feliz año nuevo a todos los lectores del blog y necesitamos estar en otro ánimo.
UN SALUDO Y MIS MEJORES DESEOS
PARA EL AÑO PROXIMO!!!!
Edgard González Suárez.





